Cuando hablamos de los MBBR, no estamos hablando de un sistema complicado lleno de tubos imposibles de entender. En realidad, la idea es bastante sencilla: se trata de un reactor biológico donde el “secreto” está en los pequeños soportes plásticos que flotan y se mueven dentro del agua.
En la superficie de esos soportes vive una biopelícula de microorganismos, y son ellos quienes hacen el trabajo duro: degradar la materia orgánica del agua residual. Lo interesante es que como los soportes siempre están en movimiento, la biopelícula se mantiene activa y con buena oxigenación.
La gran característica del MBBR es justamente esa: los medios móviles que permiten que la biopelícula crezca y trabaje de forma eficiente. Eso hace que el sistema sea compacto, flexible y fácil de operar en comparación con otros métodos más tradicionales.